Quienes vivimos en Tucumán, sabemos de sobra lo impresionante que es la fertilidad de su suelo, en prácticamente todo el territorio. Desde tiempo inmemorial, viajeros y cronistas, en las épocas más diversas, han agotado los adjetivos para describir esa privilegiada condición de nuestra provincia. Sabemos que, en el “Facundo”, Sarmiento la llamaba “un país tropical, en donde la naturaleza ha hecho ostentación de sus más pomposas galas”. Era “el Edén de América, sin rival en toda la redondez de la tierra”, dotado de “una vegetación que agotaría la paleta fantástica en combinaciones y riqueza de colorido”. Que todo esto muy cierto y posee gran encanto, quién lo duda. Pero sucede que esa vegetación fabulosa, tiene forzosamente que ser controlada en las zonas urbanas, para no convertirse en generadora de antihigiene y caldo de cultivo de insectos y alimañas de la más variada índole. En la estación de las lluvias que estamos atravesando en estos momentos, es que se produce un impresionante crecimiento del pasto, que forma el entorno de numerosas calles y edificios de la ciudad, tanto dentro de las avenidas como fuera de ellas. Como decimos arriba, los altos yuyales encierran múltiples amenazas sanitarias, aparte de conspirar contra la seguridad del vecindario, dado que con frecuencia ocultan maniobras de esos maleantes que son pesadilla del tiempo que vivimos. Basta una breve recorrida por nuestra capital, para percibir el descontrol con que ha crecido la vegetación callejera. Hay zonas, como por ejemplo varias cuadras de la calle Marco Avellaneda, desde la antigua estación ferroviaria hacia el norte, donde los pastizales han adquirido inquietante altura. Repetimos, es sólo un ejemplo de algo que se reitera en muchos otros puntos de la ciudad que habitamos.
Puesto que ese desmadre se vincula forzosamente con la higiene, la salubridad y la seguridad, es competencia de las autoridades municipales adoptar las medidas enderezadas a mantener la vegetación en un estado razonable. Tiene que procederse con urgencia a organizar un vasto operativo de corte de las malezas, en todos los sectores donde se ha llegado a la situación que venimos describiendo. No es posible que los yuyales sigan avanzando de esa manera sobre los edificios y la vía pública, sin que la Comuna se movilice para corregir tal situación. Por cierto que, además de esa acción que requerimos, nos parece que debe existir una colaboración efectiva del vecindario, expresada en el corte las malezas siquiera al frente de sus viviendas, en lugar de permanecer esperando la tarea oficial. En varias ocasiones, hemos marcado como francamente negativo el desaliño que caracteriza a nuestra urbe, en contraste con lo que ocurre en muchas otras capitales argentinas, entre las cuales Mendoza constituye un ejemplo mayúsculo. Es deplorable que nos dejen indiferentes cuadros como ese avance arrollador de los yuyales en el verano, fenómeno que nadie puede dejar de percibir Así, repetimos, es urgente la necesidad de poner en marcha una gran operación de corte de malezas en San Miguel de Tucumán, como algo francamente necesario por las razones apuntadas. Y, repetimos también, esa operación tendrá mucha mayor efectividad, si es apoyada con acciones directas por parte del vecindario, en su carácter de principal interesado en vivir con un entorno de razonables higiene y seguridad. Pensamos que nuestras observaciones están ampliamente justificadas, y que se debiera proceder en consecuencia.